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10/10/2008
Obsesión por lo faraónico, descuido de lo cotidiano

Joan Herrera

Diputat al Congrés

La Vanguardia, el dia 21/08/2007.

En Santiago de Chile el gobierno de la socialista Michelle Bachelet se tambaleó hace medio año cuando la “transantiago” -la nueva red que sustituía los autobuses de siempre- colapsó la movilidad de millones de personas. No previeron el impacto de sus decisiones y sus agravaron los problemas de movilidad porque no contaron con la realidad que le tocaba administrar. En Catalunya, y a pesar de la distancia hay grandes similitudes entre lo que ocurrió en Chile: imprevisión, falta de inversión y mala orientación de la misma.

Como muestra, un botón: en los últimos años la situación ferroviaria en Catalunya ha ido empeorando, en primer lugar por la falta de inversión más que evidente, ya que no sólo se ha invertido poco sino que además 1 de cada
3 euros presupuestados no se ha llegado a ejecutar nunca. Pero la gravedad de la situación se debe sobre todo a la orientación de las inversiones. La red de Cercanías y Regionales lleva años dando señales de alarma, con niveles de ocupación en las horas punta que llegan al 100 %, con un incremento de usuarios desde el año 1990 del 107% y con un crecimiento de la inversión en torno a un 3 %. Pese a ello, la obsesión casi transversal ha sido el AVE. No se ha señalado que el obsoleto sistema de señalización de Cercanías en Barcelona, a diferencia del de Madrid, no permite un incremento de las frecuencias. No se ha recriminado que aún no se haya acabado una obra tan sencilla y fundamental como la línea Papiol-Mollet para que los trenes que circulan de norte a sur no tengan que pasar necesariamente por Sants. No se ha denunciado que no hay proyectos ni para nuevas líneas, ni para nuevas estaciones.

Más allá de la oportunidad del AVE (un tren que funcionase a 250 km/h, sólo 50 km/h menos, hubiese costado un tercio de lo que ha costado el AVE) lo imperdonable ha sido el descuido de las Cercanías. Ningún gobierno responsable podía plantearse la entrada del AVE en Barcelona sin la debida actualización de una red tan depauperada como la red convencional catalana.
Pero el actual gobierno lo hizo, aún habiendo recibido reiterados avisos: en
2004 y 2005 una proposición de ICV aprobada por el Congreso instaba al Gobierno a realizar un plan de choque para las Cercanías, pero la sensibilidad del Ministerio no estaba ni en las cercanías ni en Catalunya.
Creyó que se le juzgaría por la fecha de la llegada del AVE, cuando lo relevante era y es la mejora del servicio de movilidad.

Las respuestas y las medidas urgentes de estas semanas, tardías y a su vez necesarias, lo que hacen es paliar el desastre de la decisión ministerial que, pese a las promesas, continuará tras la llegada del AVE a Barcelona.
Es necesario un cambio en las formas, en los objetivos y en la orientación del Ministerio de Fomento, para optar por las infraestructuras de uso cotidiano, aquellas que articulan un territorio y que suponen un factor de mejora de calidad de vida, y para ello no sólo es fundamental el cambio de una ministra que no puede corregir porque no asume error alguno, sino la reorientación de la acción del Ministerio. Y eso, sin seguir la estela de aquellos que son correponsables de la actual situación, los anteriores gobiernos del PP que, con el apoyo de CiU, se olvidaron por completo de la red convencional. La primera demostración de ese cambio de actitud debería ser no instalarse el error de la obsesión del AVE. Quizás es hora que perdamos la obsesión por lo faraónico y ganemos pasión por lo cotidiano: y hoy lo más útil para Catalunya no es que el AVE llegue en diciembre en vez de enero, sino que las obras de la alta velocidad no afecten a la vida cotidiana de tanta gente.
DC 16/05/2012 | 19:25
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