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27/10/2011
2017: un horizonte en positivo

Matias Vives

regidor a Montblanc per l'Entesa

Los retos de Tarragona: los Juegos del Mediterráneo y el Corredor del Mediterráneo

Tarragona tiene casi seis años para armar aquel deseo ciudadano de identificación con su ciudad

El mes de mayo del 2010 opinábamos, desde estas mismas páginas, que el objetivo de conseguir los Juegos del Mediterráneo del 2017 era el horizonte positivo que Tarragona necesitaba para afirmar el espacio de encuentro entre administraciones, empresas y sociedad civil.

Tarragona ha cobijado –desde el franquismo-una sociedad demasiado acostumbrada a las tutelas administrativas, lo cual, unido a la aparición de un tejido industrial cuyos centros de decisión se situaban fuera de la ciudad, no generó estímulos suficientes para que su sociedad civil se articulara aprovechando la eclosión democrática.

La aparición de la Universidad Rovira i Virgili ( URV) rompió aquel esquema, generando una actividad cultural nunca vista hasta entonces, y convirtiéndose en el catalizador de los primeros encuentros administración-empresas, pensados en clave ciudadana.

Ello no obstante, la fragilidad de la sociedad civil organizada no permitía que aquella normalización de relaciones derivase en subidones de autoestima, de manera que la ciudad se construyó más contra Barcelona que a favor de la propia ciudad, a diferencia de lo que sucedió en Girona o Lleida, ciudades desde las cuales se pensó más en positivo, construyéndose a partir de su propia realidad y sin victimismos.

Ello no obstante, una parte importante de los segmentos más jóvenes de la sociedad tarraconense (ya hijos de la URV y de la tercera generación de inmigrantes del resto del estado), demostraron que necesitaban creer en ellos mismos, sublimándolo –por ejemplo-durante las jornadas previas y posteriores al ascenso del Nàstic a primera división. Muchas tardes, cuando bajaba a pie hacia el Nou Estadi, me preguntaba por las razones que llevaban a más de tres mil jóvenes de la ciudad a pasar la tarde del domingo en la Budallera en lugar de pasarla en la discoteca de turno. Llegué a la conclusión de que una parte muy importante de aquellas razones estaban en la necesidad de identificarse, en positivo, con su ciudad. Las fiestas de Santa Tecla serían el otro gran escenario de lo que intento explicar con estos ejemplos.

2017 es un horizonte en positivo, y estamos muy necesitados de consideraciones y ofertas positivas. Tarragona tiene casi seis años para armar aquel deseo ciudadano de identificación con su ciudad, de crecimiento de la autoestima, de orgullo bien entendido. No dudo que sabremos hacerlo. Los valores, los conceptos y las actitudes que han puesto de manifiesto los gestores del éxito, una vez conseguidos los Juegos, me reafirman en aquella convicción.

Alguien nos saldrá ahora con los impactos de la crisis y lo incomprensible de proyectar según que obras públicas en las actuales condiciones. Estando más que justificada dicha alarma, deberíamos decir: no toca. Necesitamos creer que saldremos adelante en buenas condiciones, y no desde el ‘buenismo’ o las actitudes inconscientemente optimistas, sino convencidos de que lo realmente importante son las buenas ideas y no el dinero. Organizar los Juegos del Mediterráneo es una idea excelente. El «dinero posible» que atraiga esta excelente idea, junto al espacio común administración-empresasociedad civil, y la unidad de acción institucional y ciudadana, son un activo frente al cual ni las agencias de rating, ni «los mercados», tienen nada que hacer, que ya es decir.


Un catedrático de universidad, al que tengo por sabio, me preguntaba hace algunos años por las razones que, a mi juicio, impedían a Tarragona ser la segunda capital de Catalunya, cuando según él lo tenía todo para serlo. Le respondí a voz de pronto: «es que las piedras romanas y la industria petroquímica aún no se quieren lo suficiente». A día de hoy posiblemente no emitiría aquella opinión. Alguien ya les ha presentado. 2017 podría ser el año de la boda. Una boda a la cual Tarragona debe invitar a todo el mundo sin excepción alguna. Lo hará, seguro.

DT 22/05/2012 | 12:59
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